sábado, 13 de marzo de 2010

Antonio López: El nacionalismo como quintaesencia de lo coñazo

De todos los ingredientes del fascismo, que van de lo nauseabundo a lo criminal, es sin duda el nacionalismo el más indigesto. Su repetición y su pompa hacen del nacionalismo la quintaesencia misma de lo coñazo. Su pretensión de ubicuidad causa que en el régimen instaurado en Cataluña en 1980 un ciudadano no pueda quitarse de encima símbolos y proclamas o llamamientos a abrazarlo, en un clima asfixiante que España no vivía desde los años 40.


Pero llega un temporal y doscientos mil catalanes y 22.000 empresas descubren que en el siglo XXI, en un rincón de Europa occidental, pueden quedarse seis días sin electricidad. Ello tras treinta años en los que se ha despilfarrado a manos llenas y en los que una legión sin oficio ni beneficio vive de la ubre de la lengua catalana (porque de lo contrario –dicen repitiendo el mantra- desaparecería aplastada por el castellano), y de la subvencionada cultura-basura nacionalista; tras siete años en los que dos individuos (Carod-Rovira y Benach), inaugurando embajadas o puntuando hoteles y restaurantes de cinco continentes, han rivalizado con U2 en quilómetros en avión por año.


Unos miles de catalanes viviendo durante una semana peor que en un suburbio del Londres victoriano. Y en parte “gracias” al posicionamiento político de ERC e IC-V (y de numerosos alcaldes de PSC y CiU) con respecto a la red de Muy Alta Tensión. Porque el partido de Saura y Mayol (conocidos entre los dependientes de las tiendas de productos de gama alta de Barcelona como “los Ceacescu”) se ha empleado con toda contundencia en su demagogia de pescadores de aguas fáciles. Si en los años 70 ERC e IC-V, los partidos sostén de Maragall y Montilla, hubieran tenido las poltronas de las que ahora gozan, Cataluña no tendría ni un quilómetro de autopista. Eso sí, la señora Mayol está dejando Barcelona sin árboles y ha dotado a la ciudad de contenedores para que los ciudadanos separemos los pelos y uñas de las mondas de naranja.
Sin la MAT, ¿para cuándo dicen que quieren el AVE Barcelona-París?


Desde aquí insto al Cónsul General de la República Francesa en Barcelona a que solicite formalmente al presidente de la Generalitat que la Corporació Catalana de Radio i Televisió se abstenga en lo sucesivo de usar el término de política-ficción “Catalunya Nord” en aquellas noticias que se refieran al departamento francés Pyrinées Orientales. Incluso para quien no lo haya querido ver hasta ahora, resulta evidente que Gerona (a la que jamás llamaré Girona mientras Zaragoza sea Saragossa en el libro de estilo de TV3) pertenece política y administrativamente a un reino de taifas y sátrapas sin ningún vínculo con el departamento de un Estado que padeció el mismo temporal y en el que nadie se quedó sin electricidad, atrapado en un túnel o aislado en un hospital.
Señor Cónsul General, sin miedo.

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