viernes, 29 de enero de 2010

Noemí de la Calle: Por una Hospitalet acogedora

La inseguridad ciudadana y la inmigración aparecen como los principales problemas de L’Hospitalet según los entrevistados en una reciente encuesta, superando con creces al paro, habitual preocupación en tiempos de crisis económica, lo cual es especialmente relevante cuando se supera el 17% de desocupados en nuestra ciudad.

La alcaldesa, Nuria Marín, minimiza estas cuestiones y razones no le faltan ya que según las últimas estadísticas de la guardia urbana no se aprecian significativos aumentos en sus intervenciones ni un número especialmente elevado en los ámbitos más lacerantes de la inseguridad ciudadana: se registraron 144 daños contra la propiedad privada (0,4 al día), 63 robos de vehículos (0,17 al día), 51 robos en establecimientos (0,13 al día) y 129 agresiones (0,35 al día). Si bien todo es susceptible de mejora y la policía debería trabajar para disminuir esas cifras.

Ciertamente, los números no incitan a la alarma, pero ni la alcaldesa ni su equipo de gobierno harían bien desinteresándose de la sensación de inseguridad que pueden albergar muchos ciudadanos. No cabe duda que en lo que se refiere a la seguridad intervienen factores subjetivos en los que el poder público debe incidir. Es decir, es un factor a tener en cuenta la percepción de inseguridad de muchos ciudadanos y el Ayuntamiento en su ámbito de actuación puede hacer mucho para ahorrarle desvelos innecesarios al vecindario: mejora de la iluminación y mayor presencia y visualización policial son dos ámbitos básicos de actuación al respecto que no debe descuidar el consistorio.

Por otro lado, no hay que despreciar el inquietante binomio de inseguridad e inmigración que sugiere la misma encuesta y que muchos oportunistas políticos están encantados de agitar. Nuevamente los datos de la guardia urbana parecen reveladores. Extraemos en este caso las intervenciones más habituales en cuestiones de orden público: en este caso, se registraron 437 peleas en vía pública (1,19 al día), 3.212 molestias por ruido (8,8 al día), 2.306 personas molestando (6,31 al día) y 804 ruidos de establecimientos (2,2 al día). Las frecuencias en este caso sí que podemos considerarlas relativamente elevadas e inducen a pensar que tendemos a mezclar los problemas de convivencia con la inseguridad. En definitiva no dejan de ser ambas cuestiones de orden público.

Parece pues, el ámbito de la convivencia donde más suspende el Ayuntamiento y donde residen la mayoría de los desvelos del vecindario. No es una cuestión baladí: estamos hablando de uno de los factores que más influyen en la calidad de vida de un barrio y uno de los retos más complejos de las ciudades modernas, puesto que requiere la conciliación de los modos de vida de una población cada vez más diversa y concentrada. No cabe duda que el equipo de gobierno municipal debe atenderlo con la prioridad que se merece, potenciando tanto políticas de concienciación y educación cívica como la presencia de una policía de barrio centrada en cuestiones de convivencia, especializada en la mediación e implantada en el tejido social. No olvidemos que L’Hospitalet, desde sus orígenes, ha sido siempre una ciudad acogedora y hospitalaria.
Artículo publicado en Radio Florida

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