miércoles, 27 de enero de 2010

Jaume Mestre: La caverna catalanista

El desmesurado personaje de Joan Laporta acostumbra a atribuir todas las críticas que recibe a lo que le gusta llamar la caverna españolista. Estoy convencido que la metáfora en cuestión hará las delicias de todo semiólogo que se precie. ¿Realmente, qué imagen se le configurará en la cabeza al dirigente deportivo cuando la usa? ¿Ogros moradores de las cavernas? ¿Cavernícolas como los de La Trinca? ¿El dragón de un Sant Jordi equiparable a él? Todos ellos, imagino, enarbolando una bandera española preferiblemente coronada por el aguilucho.
La cuestión es presentarse como víctima propiciatoria de los esbirros de la agresiva España. Ésta es una tendencia compartida por muchos otros nacionalistas, que parecen necesitar estas verdaderas, exageradas o falsas agresiones para reforzar su ideología en torno al convencimiento de que a Espanya no ens volen. Lógicamente, esta sensibilidad en muchas ocasiones no va acompañada de reciprocidad. Es muy habitual leerles o escucharles aberraciones ofensivas a catalanistas que no le dan ninguna mínima importancia a las burradas que dicen. Recuerdo, por ejemplo, a un tal Iu Forn que exponía en un artículo en el diario Avui el sueño de poner una bomba atómica en Madrid como una muestra de idealismo o, sin ir tan lejos, una revista de rock que acabo de ojear ilustra una anécdota del festival de jazz de Sigüenza en la que un individuo fue a la guardia civil a denunciarlo por estafa al considerar que un concierto no era de jazz. La nota va acompañada con la ilustración de un cateto con boina bebiendo en porrón (utensilio, por cierto, muy típicamente catalán) y con el título Spain is diferent. Por si no nos acaba de quedar claro el mensaje, el redactor concluye condescendiente: No ens hi encaparrem: és que son així (con falta de ortografía incluida).
La verdad es que viene ahora al pelo aquello de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la biga en el propio, pero imagino que les trae sin cuidado: la cuestión es enfrentar y crear tensión. Lo curioso es que a nadie se le ha ocurrido hablar de la caverna catalanista.

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