jueves, 1 de octubre de 2009

Jaume Mestre: Ommmmmm, els Països Catalans són una nació, ommmmm

Els Països Catalans són una nació. Els seus senyals d’identitat (llengua, cultura, història, tradicions, valors compartits…) són la base que explica la voluntat de ser una nació.
Reagrupament Independentista

Me he leído la propuesta de ponencia política de Reagrupament, sí, la última imprescindible iniciativa para la independencia de Cataluña que en esta ocasión ha salido de la preclara mente de Joan Carretero. Es sensacional. Muy recomendable para los amantes de los galimatías conceptuales que los politicastros del mundo nos brindan para salvar, por ejemplo en este caso, patrias. Lástima que hay mucha gente que se toma la parida en serio y está dispuesta a comprarla y no precisamente como obra del subgénero de humor político.

La obra empieza con el mantra habitual: Els Països Catalans són una nació. Debe resultar formidable el sosiego espiritual que deben alcanzar con la repitición de esta peculiar sentencia. Toda una liberación de la mente de sus incómodos mecanismos racionales para dejarse llevar por las emociones, fundamento confeso del nacionalismo. Ahora bien, como buena obra romántica, ese sosiego, esa perfección del espíritu es perturbada por una inquietante paradoja que inmediatamente Reagrupament nos planta en la nariz: Els seus senyals d’identitat [dels Països Catalans, és a dir, de la nació] (llengua, cultura, història, tradicions, valors compartits…) són la base que explica la voluntat de ser una nació.

En un ilógico giro, pasan de la categórica esencia de la nación a la voluntad (¿de quién?) de ser nación. ¿en qué estamos? ¿Se es o se quiere ser? Ontológicamente no tiene sentido a no ser que se sea San Anselmo o Schopenhauer. Es decir, la nación existe porque la concebimos (lo cual permite tantas naciones como imaginaciones) o el mundo es nuestra propia representación de él y en definitiva nuestra voluntad (lo cual justifica cualquier demencia). En definitiva es un acto de fe que no se puede discutir y que pretenden que los ateos nos traguemos sin rechistar.

Sorprendentemente, sus disquisiciones teológicas no pasan de estas banalidades, más que nada porque, convencidos como están de su axioma (Catalunya és una nació), no necesitan más al respecto y, total, la coña va dirigida a los devotos de su dios. Su siguiente paso en la propuesta de ponencia política (ppp) es su explicación de por qué la nación catalana requiere un Estado exclusivo. Exponen machaconamente dos motivos fundamentales: porque es un instrumento necesario para preservar lo que llaman sus senyals d'identitat y porque según ellos formar parte de España implica un expolio fiscal para Cataluña. Estas motivaciones son la plasmación de que, además de ser radicalmente confesional, su rollo es sencillamente reaccionario y de derecha extrema.

Lo explicamos: reconocen que sus amadas senyals d'identitat son extinguibles, por lo tanto no son esenciales sino meramente accidentales. Lo que exigen, pues, es que culturalmente Cataluña sea imperturbable respecto a una Cataluña que, según ellos, fue. Por lo tanto, son refractarios al cambio y reaccionan a cualquier modificación de lo que, para ellos, tendría que ser in saecula saeculorum. Son, pues, como de hecho todo nacionalista, unos reaccionarios.

Con su idea de expolio fiscal, más allá de que engañan, ya que en España, por el momento, tributan las personas (físicas y jurídicas) y no los territorios, se pasan por el arco de triunfo el principio fiscal de proporcionalidad en la tributación para recibir similares servicios. Es decir, considerándose más pastosos, la redistribución no les interesa. Ahora bien, si se salen con la suya, habrá que exigirles que respeten la voluntad de independencia fiscal de, por ejemplo, Sarrià-Sant Gervasi o reconozcan, siguiendo su linea de pensamiento (¿?), que la comarca de la Terra Alta (por decir una) expolia al Barcelonés. Ahhhh, aclararán entonces, es que todos éstos no son nación. Lo que nos devolverá irremisiblemente al punto de partida: su acto de fe. Lo que pasa es que su acto de fe, como no se sustenta en razonamiento alguno, sólo nos lo podrán inculcar a los ateos a bastonazos.

El ppp finaliza con la estrategia de la muchachada de Reagrupament para lograr la tan ansiada independencia de Cataluña. Lo que proponen es que el Parlamento de la Generalitat de Cataluña proclame por las bravas el Estado Catalán. Considerando que el actual ordenamiento jurídico no contempla esa posibilidad, lo que proponen es que una institución del Estado Español como es la Generalitat dé alegremente un golpe de estado, comportamiento que para ellos es el súmmum de lo democrático. Ello, además significará el fin de todos los males de Cataluña, ya que para ellos, a pesar de, sin ir más lejos, Fèlix Millet, vienen innegablemente de España (la corrupción, la especulación, el paro, todo esto, es importado en Cataluña de ese mal atávico que es España).

Apoteósico. Yo respeto profundamente la idea de Cataluña de Carretero y compañía. Que sientan lo que quieran, como un cristiano, un musulmán, un nacionalista español, un heavy, un culé o un trekkie. Cada cual con sus emociones libremente, pero sin dar la tabarra al prójimo. Por eso lo que yo les pido es que no pretendan que el Estado esté supeditado a su particular dios-nación. El laicismo es un gran triunfo para el ser humano. No pretendan sustituir lo que por estos lares antaño fue el catolicismo por el nacionalismo catalán de hogaño.

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