sábado, 5 de julio de 2008

Ley Fraga del 66 y la omertá catalana


En Hospitalet, como en casi toda Cataluña sus asociaciones regionales, deportivas, culturales o medios de comunicación, están totalmente subvencionados lo que los hace clientes políticos de el partido que hace muchos años gobierna la ciudad y, qué luego exige sus votos en cada elecciones.

Hoy, les muestro el artículo de Antonio Robles del 24-08-2006 sobre un caso en Hospitalet, señalando y comparando la ley de Fraga de año 66 con las leyes que rigen hoy día en, se supone, plena democracia y, cómo los medios de información publica están dirigidos y trabajados por periodistas que o bien comulgan con el ideario o se autocensuran para no defraudar a quienes políticamente controlan dichos medios.

Después de dos años, nada a cambiado, bueno si, la clase media está desapareciendo, los pobres seguimos siendo mas pobres y, los ricos, se hacen cada día más ricos. Hoy Al Corbacho lo tenemos de Ministro y su fortuna y poder, crece sin parar.


Ley Fraga del 66 y la omertá catalana

24-08-2006 Antonio Robles

En plena dictadura franquista, el primer paso hacia la libertad de información se dio al promulgarse la Ley Fraga del 66. Con ella se daba fin a la censura previa en los medios de comunicación. Ya nadie debía pedir permiso para publicar nada, pero todos debían tener precaución al publicar todo no fuera que traspasaran los límites difusos impuestos por el régimen. Aparentemente los periodistas ganaban libertad de expresión, pero en la práctica muchos se impusieron una autocensura que, en muchas ocasiones, era peor que la propia censura previa.

En Cataluña ocurre algo parecido. Si exceptuamos los grandes medios de comunicación de masas privados, que se deben a sus respectivos intereses, los públicos están dirigidos y trabajados por periodistas que o bien comulgan con el ideario o se autocensuran para no defraudar a quienes políticamente controlan dichos medios.

Un ejemplo: el 3 de julio pasado, el jefe de programas de Radio Hospitalet, Ángel Luís León Hereza dirigía una denuncia a Clemente Murillo Benítez, presidente del Consejo de Administración de la Farga (empresa de medios de comunicación municipales), donde se denunciaba la politización de los medios de comunicación del Ayuntamiento de L’Hospitalet dominado por el Partido Socialista de Cataluña. Hace responsable de vehicular esa manipulación política a Cristina Sánchez, su directora. El control informativo "ha adquirido cotas tan alarmantes –afirma– que desvirtúan por completo el sentido de nuestra función de servicio público informativo para convertirnos en gabinete de prensa sonoro que ofrece un producto totalmente orientado". Los trabajadores, sigue, "no pueden ejercer su trabajo, se encuentran en permanente indefensión y tendencia patológica a la autocensura".

La consecuencia es "una férrea dictadura informativa de puertas adentro, una politización de las relaciones laborales causada al trasladar al ámbito laboral los mecanismos de conducta que rigen en el campo político. Es lo que ocurre en la Farga, en general, y en Ràdio L’Hospitalet, en particular, al mimetizar los hábitos políticos más deleznables".

Según el jefe de programas, el fin último del "control enfermizo de las informaciones" es "evitar que la oposición pueda aprovechar en condiciones normales de audiencia el legítimo altavoz de un medio informativo, impidiendo, por tanto, a la ciudadanía el derecho de la libertad de expresión y de comunicación".

Si sabemos esto hoy no es por lógica democrática del derecho a la libertad de expresión, sino por el heroísmo individual de un periodista digno. Excepción, rareza, he ahí el mal de un tiempo miserable. Nada que ver con un sistema político de ciudadanos libres.

El consistorio del alcalde socialista, Celestino Corbacho, prefiere matar la audiencia de Ràdio L’Hospitalet, la radio de su alcaldía, a que sus ciudadanos puedan utilizarla para el bien último por el que pagan sus impuestos: el control de quienes les gobiernan y la información libre que les hace sujetos políticos, dueños de su destino. No me extraña que pongan tanto celo en el control y distribución de las emisoras de radio.

Todo esto es tan cotidiano y tan asumido que nadie se escandaliza. Yo sí. Y me escandaliza aún más porque, a pesar de que dicha denuncia fuera hecha pública a primeros de julio, no hubiera ningún medio catalán que se hiciera eco. Esta es la omertá catalana, peor que la Ley Fraga del 66, pues aquella daba un paso de la dictadura hacia la libertad y ésta de la democracia hacia el control de los ciudadanos.

3 comentarios:

  1. Hospitalet es un Oasis de ficción.

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  2. per Vicent Partal
    divendres, 12 de desembre de 2008

    I escriuré els noms...

    Conste que he passat mig dia pensant que no faria aquest article, de tip que n'estic, d'aquest Fraga Iribarne. Ja n'estava quan jo era jove i ell signava sentències de mort o matava gent al carrer, que deia que era seu. I n'he estat tots aquests anys, en veient que un personatge amb un passat tan abominable podia viure en democràcia sense que ningú no li fera pagar les culpes. I n'estic d'aguantar les seues provocacions. Però he decidit que, aquest article, l'havia de fer solament per escriure el nom de les seues víctimes.

    I l'escriuré, el nom d'aquestes víctimes, perquè amb monstres com Fraga no tenim el dret d'abaixar mai la guàrdia. No podem deixar-li'n passar ni una sense recordar-li que és un criminal que fa dècades que hauria de podrir-se en una presó..., per a vergonya nostra, que no ho hem aconseguit.

    Per això, perquè la memòria el perseguesca, escriuré el nom de Pedro María Martínez Ocio, de vint-i-set anys; de Francisco Aznar, de disset; de Romualdo Barrosa, de dinou; de José Castillo, de trenta-dos, i de Bienvenido Pereda, de trenta. Tots van morir a Vitòria el 3 de març de 1976, assassinats a trets per la policia, que depenia de Fraga. I el nom d'Oriol Solé, mort després de la fugida de Segòvia a mans dels seus sicaris. I els noms de Ricardo Garcia Pellejero i d'Aniano Jiménez Santos, morts a Montejurra, també sota el seu mandat. I voldria escriure, però no el recorde, el nom d'un obrer assassinat a Elda per la policia aquell febrer del 1976, quan pintàvem parets per fer-ho saber. I escriuré amb lletra gruixuda el nom de Julián Grimau, mort de vint-i-set trets el 20 d'abril de 1963, a les sis del matí. Mort per una sentència del consell de ministres de Franco, en què aquest va demanar a tots els qui en formaven part que s'hi comprometeren. Dos van dubtar, però cap no era Fraga. Fraga va demanar la mort del cap del Partit Comunista.

    A tots ells el meu record, respecte i homenatge. A Fraga el meu menyspreu i, de nou, la demanda d'un judici que li faça pagar els seus crims.


    (P.D: des de primera hora del matí m'han arribat tot de correus de lectors recordant-me el nom de l'obrer molt a Elda, que era Teófilo del Valle. Gràcies. La memòria, quan és col•lectiva, significa molt.)

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  3. Sr Vicent Partal: lamento que haya perdido tanto tiempo en escribir sobre algo que el post no trata, ya que mi post y el artículo de Robles habla de la semejanza de la ley de Fraga con la que la ley que impera en el seudofascismo que se ha convertido la sociedad política en Cataluña.

    Pero ya que ha sacado el tema le he de decir que estoy de acuerdo con usted en los hechos y en las reivindicaciones de los caídos mientras el fue ministro, en la que él era responsable y por lo tanto lo condeno y repruebo.

    Lo que no estoy de acuerdo es en la demanda de un castigo, y ¿por que?. La respuesta se la dejo en un artículo de Joaquín Leguina en la que estoy totalmente de acuerdo:
    http://www.joaquinleguina.es/muertos-y-sepultura

    Le recomiendo que lo lea y después medite a ver que le parece después
    de leerlo.

    Un saludo

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